La moderacion

Otra preocupación dentro del trabajo interior es la "moderación".
Qué hay de cierto en la moderación y qué hay de neurótico desde el punto de vista en el que se vive actualmente la moderación.
Una vida moderada ayuda definitivamente a la realización. Claro, no podía ser de otra manera. Si uno come con moderación, bebe con moderación, duerme con moderación, piensa con moderación, habla con moderación, está facilitando el silencio. Eso es una evidencia. El problema es que al tiempo que se anhela la moderación como camino, como entorno, se está viviendo la ansiedad por la moderación. Existe la posibilidad de que uno vaya, poco a poco, "moderándose", pero eso solo ayudará si esta moderación va apareciendo desde la lucidez.
En estos días, tal y como comentaba en el anterior escrito, el calor empieza a empujar. Hasta que no empiece mi actividad en el colegio, la única actividad que hago es estar tranquila en casa. Entonces, ¿qué voy a comer si no estoy moviéndome en absoluto? A veces viene la chica India que vive debajo de mi casa y me sube algo que ha preparado para la familia. Mira por la ventana y si ve que medito, se vuelve con el plato de comida. No hay manera de comer si no se tiene hambre y solo se tiene hambre si el cuerpo se ha movido o ejercitado en la vida cotidiana. Entonces esta moderación en el comer tiene el mismo sentido que los platazos de comida que se toman los obreros a las once de la mañana para el almuerzo. El hambre, si no hay ansiedad, será proporcional al esfuerzo que el cuerpo haya realizado durante el día. Entonces podemos decir que comemos con moderación.
Lo mismo ocurre con el hablar con moderación. Depende de lo que uno tenga que hacer o decir, hablar durante media hora puede ser un exceso o por el contrario, puede uno quedarse corto. Beber con moderación igual. En fin, así con todo. Entonces la pretensión de moderación empieza por la observación de lo que uno está viviendo. Otra vez volvemos al principio del asunto. Primero estar atento y de esa atención surgirá la evidencia de si estamos o no comiendo o hablando con moderación. Eso lo hemos visto con los encuentros particulares. A veces la persona llega con la intención (mental) de pasar hora y media porque es lo que la gente cree que debo permanecer ahí escuchando o haciendo lo que se imponga y sin embargo a los diez minutos hemos terminado el encuentro. Los encuentros se terminan y hay que estar atento. Si se continúa a pesar de haberse terminado, toda la conversación posterior será neurótica. Al Ser le da igual que esa persona haya cogido el tren y haya tardado cuarenta y cinco minutos en llegar a tu casa. Se termina lo que tiene sentido y se termina. Estar ahí por costumbre, porque es lo que tiene que ser, NO AYUDA. NO AYUDA porque no es Real.
En la cultura hay muchos hábitos adquiridos alrededor de comer, hablar, beber, estudiar. Todo se hace en exceso. Para qué engañarnos. Hablamos mucho, comemos mucho y de beber ni hablemos. Tampoco se estudia con moderación, se ve la tele o se lee con moderación. Todavía existen personas adultas que se esconden para comer o beber alcohol. ¿O no? Y en las familias, cuando uno permanece en silencio más de dos horas, ahí corre todo el mundo a saber lo que le pasa. La moderación es contemplada casi como una enfermedad. Una persona que come poco, ¿estará enferma? O bien, si es evidente que no está enferma, es sosa.
La obsesión por controlarse crea más y más ansiedad. Yo diría que la moderación es algo que en principio no debería tenerse en cuenta ya que estamos, como siempre, empezando la casa por el tejado.
Ahora bien, podría ser que uno, estando ya atento, se de cuenta de que está comiendo mucho, de que lo que come le sienta mal o bien por cantidad o bien por la calidad. Podría ser que uno, por estar ya atento, se de cuenta de que habla demasiado. ¿No os habéis descubierto aburridos hablando? Yo esto lo he vivido. Me he visto explicando algo y decir; buf, ya te lo contaré otro día o mejor no te lo cuento. Me estoy aburriendo yo misma. Costarme hasta terminar de hablar. Anhelar CALLARME DE GOLPE.
La moderación natural en el hablar por ejemplo se vive mucho en las parejas pero en el momento en el que aparece, ahí está el juicio, el hábito colectivo. Al principio las mentes se reconocen y se cuentan las mil y una experiencias, eso es positivo desde el punto de vista práctico, pero llegado un momento, se impone el silencio. El problema es que la cultura ha creado la idea de que cuando dos personas dejan de hablar, es porque la relación va mal. Claro, podría ser. Pero ¿se ha mirado esto con calma? ¿No será que no se tiene gran cosa que decir? Si un día uno no tiene nada que decirle al otro ¿Qué pasa? Pues que tal y como decía, la moderación natural se ve como un mal. La mente quiere exceso como sinónimo de abundancia y salud. Una moderación abundante, no es abundancia. Un silencio abundante, no es abundancia. Abundancia es objeto, palabras, ideas, acciones. Un GRAN SILENCIO es un peligro para la mente y sin embargo, es un preciado paso a la moderación. La persona que habla mucho y se encuentra con alguien moderado ese día, no puede valorar que el otro le de una sonrisa en lugar de una conversación neurótica de dos horas. O bien, el que valora el sexo en exceso no puede valorar el sexo moderado que hay implícito en un beso, una caricia o un abrazo. Nuevamente la moderación es considerada como sinónimo de distancia, de insatisfacción.
Uniendo trabajos, aunque no enfocaremos el tema desde ahí, también se puede ver como el silencio que apoya la moderación de uno, despierta los miedos y el ego del otro. El silencio, siempre despierta. ¿Qué despierta? Ese sería el trabajo perfecto para alguien que se tropieza con sus excesos a través de encontrarse, frente a si, un objeto moderado, equilibrado, natural. Es todo aquello de: ¿por qué no me hablas? ¿No te gusta la comida? ¿Por qué no salimos más? O dentro de los negocios ¿cuántas visitas has hecho hoy? Eso también podría ser. Hay días en donde el comercial, por lo que sea, de manera natural, siente que no es un día para hacer visitas. Entonces viene el jefe con sus excesos apoyados en el miedo de la cuenta de resultados y dice; ¡A visitar! Y larga al comercial de la oficina mandándolo a la calle a… "no hacer nada". Ni hará visitas, ni hará el trabajo de oficina que se imponía como moderación del trabajo total de un comercial, pero haciendo eso, el jefe cree que está supervisando y cumpliendo con su trabajo.
También el exceso de silencio no es silencio realmente. Vemos que una persona está siempre callada pero que su mente no para de dar vueltas o bien, lo que vemos es su problema para exteriorizar lo que ve, lo que piensa, lo que siente, cuando a lo mejor, naturalmente, siente que debe exteriorizarlo. En un mundo neurótico, también vemos excesos en el silencio verbal. Vemos que no hay naturalidad en el estar callado. Es más bien una represión que vive la persona, que algo real. A veces estamos con alguien que nos mira con esa carita de amor un día y no dice nada. Pero cuando siempre que aparece esa carita aparece ese nudo en la boca de la persona a uno le entran ganas de pegarle un golpe en medio de la espalda para que vomite la palabra que está destinada a la comunicación natural de ese momento. En ese momento, se vivirá moderación. Se corta el exceso de silencio y se vive moderación. La palabra que surge del amor, de la unión, de lo que sea. Una palabra que surge del silencio es silencio. Cuántas veces hemos visto en clase, después de un silencio, como le cuesta a la mente hablar desde ahí. La mente no reconoce las palabras cargadas de amor, de presencia, de identidad. Es un diálogo de moderación pero tremendamente contundente. ¿Recordáis los ejercicios? Yo perfectamente. Hemos visto conversaciones maravillosas. Concretas, llenas de verdad. Llenas de silencios (por espacios sin palabras) cargados de vida. Eso es lo que, por otro lado, se le pide a un buen actor. En este aspecto, hablaríamos de un silencio moderado. No del silencio permanente que soy, sino del silencio moderado de las palabras. Sí, se puede decir que vivimos un exceso de silencio en determinadas situaciones. ¿Qué hace la persona en determinadas situaciones? Se calla. Exceso de silencio. El silencio como recurso de comunicación. ¿Qué pasa? Pregunta alguien. Nada. Contesta el que no puede exteriorizar lo que siente o ve en ese momento.
No pasa nada por no querer comunicar. Hablamos de cuando eso, se ha convertido en un hábito para la persona. Hablamos de cuando eso, es un escape, una contracción, un esconderse. Aquí no estamos para decirles a los demás lo que tienen que hacer. Quiere decir que por mucho que yo me encuentre en mi vida con alguien "así" lo importante es volver a mirarse a uno mismo frente a aquello. No decirle al otro; vives un exceso de silencio y lo mejor que podrías hacer es esto o lo otro, sino que en todo caso, qué hago yo con eso. ¿Está despertando eso algo en mí? o bien puedo seguir en mi moderación sin necesidad de que el otro se exteriorice. Aquí solo estamos señalando algo para que se vea, y que desde ese ver, surja lo que tenga que surgir.
Hablemos de la vida moderada de alguien que tiene en cuenta su espiritualidad. ¿Cuál está siendo su moderación? Si hay un programa moderado, no hay moderación. La moderación es algo que se vive dependiendo de las circunstancias. Si uno tiene como meta tener la mente en calma, en realidad, lo único que debe hacer, es permanecer en silencio, pero ahora viene la exteriorización de lo que soy. Es un paso más. Ese punto a penas se tiene en cuenta. Cuando la persona ya ha aprendido a permanecer en silencio, a que los cuerpos estén en contacto con el Centro, viene el trabajo con la exteriorización de lo que soy a través de esos cuerpos. El anhelo es siempre una exteriorización moderada. Eso es lo natural.
Desde el momento en el que el cuerpo conectado al Centro tiene un estímulo frente a sí, un estímulo que no es ese Centro tal y como se vive en meditación, un estímulo que es una persona, una situación, los cuerpos responderán a ese estímulo. Podemos darnos cuenta de que esos cuerpos pueden estar en compañía del Centro, pero además, tienen unos movimientos, unos hábitos, unas tendencias en si mismos que no están dependiendo del Centro. Si se está atento uno puede ver la contradicción perfectamente. Si se hace con calma, uno puede verlo. Uno está saliendo de la meditación dándose un tiempo, abre los ojos y desde el momento en el que el cuerpo "aparece", aparece también el mundo, los otros, se despiertan estas tendencias o excesos. Las costumbres, los hábitos. Uno ve (uno/yo) las tendencias o excesos (lo otro)
La contradicción es que YO vivo moderación mientras que el cuerpo podría estar viviendo exceso. Pero nos daremos cuenta de que la contradicción la vive la mente, que es la que me tiene en cuenta, no YO. Yo no tengo en cuenta a la mente, lo que dice o pide. Entonces, no existe contradicción en mí, sino en la mente. No existe la posibilidad de que YO viva contradicción si el diálogo de la mente no existe ya. Si estamos en este punto, viviré una moderación natural. Viviré la moderación del centro sin tener que planificar una vida moderada, o lo que es lo mismo, la necesidad de moderación ha dejado de ser real. Exceso o moderación, no existen.
Comer mucho o poco, no existe. Gastar mucho o poco, no existe. Hacer el amor mucho o poco, no existe. DEPENDERÁ de lo que se imponga. De lo que sea natural. De lo que tenga sentido.
Por otro lado llega un momento en donde nada de lo que uno haga, diga, coma o vaya, afecta al cuerpo pero en mi experiencia, tuvo que haber proceso. En la vuestra, y ojala así Dios lo quiera, quizás os podáis evitar el proceso (dolor) a través de un mayor discernimiento (amor). Ojala también que este escrito os lo estimule.
Entonces si todo esto no se ha comprendido. Si no se ha comprendido que lo fundamental para ir moderando la alimentación, el hablar, las actividades etc, la solución que dan algunas personas es lo de "marcar un ritmo". Se dice; solo para las personas que no comprenden que lo fundamental es el silencio, podemos crear una dinámica. Pongamos un ejemplo. Una persona tiene problemas de alimentación. Come en exceso y eso, LÓGICAMENTE, ayuda a que su mente esté agitada provocando más y más pensamientos. Bien. Entonces lo típico es decir; pues para esta persona vamos a recomendarle una dieta vegetariana.
ERROR
O para esta persona que no puede meditar, vamos a recomendarle que "haga yoga" dos días a la semana.
ERROR
Es todo lo contrario. Yo le puedo recomendar una dieta vegetariana a quién va a comprender que "eso", la dieta, es solo un suplemento. Precisamente a las personas más mentales, la única recomendación para la moderación es el Silencio, la meditación. Nada más. Para una persona que no entiende que el silencio es el punto de partida, lo que se le ha de recomendar es SILENCIO por mucho que diga que le cueste. Poner más actividad en esa mente, es provocar más insatisfacción. Si a una persona que come en exceso porque no ve, porque no hay silencio, se le dice que coma otras cosas de las que normalmente gusta por moderación, mientras corrige, vivirá más sufrimiento aunque vea, al tiempo, que se está adelgazando o que su mente esté más tranquila. Solo la moderación que surge del Silencio se vivirá con gozo, con sabiduría. Solo esa moderación será comprendida, aceptada. Corregir sin que la persona esté en silencio, es una corrección en donde el "observador" NO ESTÁ latente en el cuerpo y entonces la persona hace porque se lo han dicho. Verá unos resultados "exteriores" pero no podrá ver el sentido profundo de la moderación. Al fin y al cabo, adelgazarse, estar más ligero, tener la mente más en silencio (lo que podría suceder con una buena dieta vegetariana) son solo efectos. Buenos efectos, yo no digo lo contrario, pero son solo efectos. ¿Para qué hace una persona dieta vegetariana o de moderación? ¿Por los efectos? Pues no. No se debería hacer por los efectos, por la iluminación o por auto-realizarse. Se hace porque es la moderación natural del Ser. Se hace porque uno empieza a vivir ahí fuera, lo que vive aquí dentro. Entonces la vida empieza a tener el mismo ritmo que vivo en mi interior.
Por aquí comparto mucho con un chico que me cuenta su experiencia en Tiru, en el ashram y por supuesto con Ramana. Ya hace mucho que nos conocemos, así que he podido ver el proceso de su mente en estos asuntos. Durante tres años ha ido viniendo a Tiru por períodos de 6 meses y la mayoría del tiempo se lo ha pasado en la montaña, yendo a la cueva a meditar 6 o 7 horas diarias y conviviendo con los animales y los babas (que se dejan ver poco). Eso ya no es jugar. Estamos hablando de alguien que se lo toma en serio ¿no? y así yo lo respeto. El caso es que por lo visto, en este viaje, ha sentido la necesidad de estar más con la gente. NATURAL. Un día me pregunta: Ahora que me conoces un poco más ¿cuál crees que es mi trabajo más inmediato? Y ahí surgió la moderación. Es un ejemplo simple, pero muy significativo. En su compartir hay Presencia, quiere decir que todo lo que cuenta, es relativo, lo vive como relativo. No pone su mente ahí más de lo que hay pero cuando habla de lo sagrado, de algo de mayor elevación, dice aquello de; como decía Ramana. Entonces yo le comenté que veía un "exceso" en aquello. Y al preguntarme una posible causa, le comenté la proyección de la autoridad, que no de la identidad. Por algún motivo surgió la palabra autoridad y no identidad. Entonces también por algún motivo le dije: Creo que ya no es tiempo de más Ramana en tu discurso ya que hay Presencia e Identidad suficiente como para que LA AUTORIDAD de lo que cuentas, de lo que ves, sea la tuya. Hizo un silencio y entonces habló de la idea que veía en su mente respecto a la autoridad (la de él) y la distinta que veía en Ramana. Ahí podemos tener el motivo. Proyección de la autoridad real ya que la que vivo no me gusta. Claro, ¿a quién no le gusta la autoridad que inspira cualquier gran maestro? ¿Dónde inspira?
Entonces desde esa claridad la persona puede ir viviendo esa autoridad proyectada en si mismo, asumirla, y de repente su relación con Ramana será una relación moderada. La necesidad de autoridad es constante ya que somos autoridad, y si la persona vive esa autoridad proyectada, la UTILIZACIÓN DEL OBJETO (Ramana) será también constante. Vaya, un exceso.
Y para terminar, ¡que bueno el choricito frito!

Primero hablar...

Primero hablar...
...luego Silencio